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CIENCIA: GASTRONOMIA Y NUTRICION

OPINIÓN SOBRE LOS TRANSGÉNICOS

La dura verdad sobre los transgénicos

Alfonso Bustamante Canny

El Perú consume desde hace años maíz, trigo, cebada, soya, entre otros productos importados, que son genéticamente modificados. Eso significa que el Perú puede importar alimentos transgénicos pero no producirlos. Hasta antes de la aprobación del reglamento del uso de semillas genéticamente modificadas en el agro peruano, el agricultor peruano competía de manera desigual en su propio mercado con los productores extranjeros, quienes sí pueden introducir al país productos transgénicos.

La mencionada norma ha desatado la ira de diversos grupos de personas, desde ecologistas, ONG, estudiantes, políticos, científicos, entre otros que influyen negativamente en el campesino, quien paradójicamente será el gran beneficiado con la norma por quedar facultado a usar nuevas variedades de semillas más productivas. Todos los opositores a la norma exponen sus argumentos con una pasión solo comparable a la que genera la política o el fútbol; sin embargo, cuando leo y escucho a estos apasionados líderes, veo que realmente no se han tomado la molestia de entender las implicancias del uso de productos transgénicos para el agro nacional.

Los ecologistas sostienen que las variedades nativas podrían desaparecer, al más fiel estilo de una película de ciencia ficción de Hollywood, como si el producto transgénico fuera a devorar a variedades menos fuertes. La FAO ya se pronunció al respecto de la inocuidad de los vegetales genéticamente modificados, desmintiendo categóricamente cualquier tipo de "contagio" por polinización a las variedades nativas. El riesgo es que las nuevas variedades sean más atractivas para el productor y por ello dejen de sembrar variedades nativas, costosas y poco productivas. Por supuesto que estas maravillas deben protegerse.

Las ONG temen que los pequeños agricultores se vuelvan dependientes de la semilla patentada de las grandes corporaciones, ya que el campesino querrá repetir campaña a campaña la siembra de productos genéticamente mejorados, es por ello que proponen privarles de esa posibilidad y que sigan sembrando variedades poco productivas y de alto costo de producción. Es decir, continuar con la agricultura de subsistencia. Condenarlos a la pobreza extrema.

Los estudiantes, utilizando la energía propia de su juventud, salen a las calles a reclamar por algo -no saben bien qué- que consideran afectará su futuro, inconscientes de lo que realmente afectará su futuro es convivir indiferentemente con una población en condiciones de pobreza extrema, dependientes de una economía de subsistencia y precisamente con su oposición a la norma están contribuyendo a ello.

Los políticos encuentran en este cargamontón la oportunidad de obtener réditos políticos individuales, sin importarles quién se perjudica o qué consecuencias tiene, en lugar de servir de orientadores en defensa de los intereses del país con especial atención en los ciudadanos más pobres.

Los científicos, reconociendo la importancia de los productos transgénicos, llaman la atención del público sobre la necesidad de tomar medidas para proteger los posibles impactos de ellos en la naturaleza. Lo que no mencionan es que el único efecto será el que los campesinos que hoy siembran maíces nativos utilizando como semillas los mismos granos del choclo, hoy tendrán la opción de usar semillas más productivas y resistentes a las plagas, heladas, sequías, virosis y otros fenómenos adversos a la agricultura, y como consecuencia de ello, los pequeños agricultores podrán finalmente tener una producción rentable y no conformarse con la agricultura de subsistencia.

No he escuchado ni leído a nadie que diga que los transgénicos son semillas mejoradas que reditúan en una mayor productividad a un menor costo de producción. ¿Es que nos empecinamos en mantener pobres a los agricultores del Ande? Oponerse por oponerse es lo que no nos permite a los peruanos desarrollarnos eficientemente, dando oportunidad a los más pobres.

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